"El amor en los tiempos del cólera" (III)
Pensando sobre las ideas que pueda transmitir "El amor en los tiempos del cólera", no sé por qué se me vino a la mente el mar, pero me hizo darme cuenta de que buena parte de la historia tiene lugar en el mar, o gira entorno a él.
En los momentos en los que Florentino Ariza siente la necesidad de escapar, acude al mar, o al río. Cuando es rechazado por Fermina Daza, se marcha de viaje en la Compañía Fluvial, seguro de que el agua por el que navega le haga olvidar y volver a vivir de nuevo. Seguro de que calme su alma y arregle su amor.
También acude al mar para conseguir el amor que Fermina Daza se merece. Obsesionado con la idea de encontrar los tesoros de los barcos hundidos perdidos, se sumerge en sus aguas, soñando con encontrarlos. Porque él cree, y lo cree de forma muy segura, que el mar esconde todo aquello que no se ve en tierra, que está lo que uno se imagina. Allí se esconden los sueños, y para conseguirlos, tienes que sumergirte. Por eso es que no duda en ir a la búsqueda de los tesoros para Fermina Daza.
El agua juega un papel importante también al final de la novela. Fermina Daza accede a unas vacaciones en el buque de la Compañía Fluvial. El río consigue alejarla de la realidad y acercarla al amor que Florentino Ariza lleva esperando tanto tiempo. Y dejándose llevar por la marea, ambos se encuentran, con la sensación de llevar toda una vida navegando juntos.
Uno de mis lugares favoritos que aparecen en la novela coincide con el de Florentino Ariza: el faro. Alejado del jaleo de la ciudad, de los estereotipos, del trabajo, de las normas de vivir. El mar aleja sus pensamientos, los revuelve con el viento y las mareas, los mete por caracolas que suenan a hueco cuando pasan, y entonces se los devuelve, limpios y renovados. Te devuelve el amor y te convierte en un poeta.
Y, la verdad, hay pocos sitios como ese que te hagan sentir abstracto.
En los momentos en los que Florentino Ariza siente la necesidad de escapar, acude al mar, o al río. Cuando es rechazado por Fermina Daza, se marcha de viaje en la Compañía Fluvial, seguro de que el agua por el que navega le haga olvidar y volver a vivir de nuevo. Seguro de que calme su alma y arregle su amor.
También acude al mar para conseguir el amor que Fermina Daza se merece. Obsesionado con la idea de encontrar los tesoros de los barcos hundidos perdidos, se sumerge en sus aguas, soñando con encontrarlos. Porque él cree, y lo cree de forma muy segura, que el mar esconde todo aquello que no se ve en tierra, que está lo que uno se imagina. Allí se esconden los sueños, y para conseguirlos, tienes que sumergirte. Por eso es que no duda en ir a la búsqueda de los tesoros para Fermina Daza.
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| Graffiti |
El agua juega un papel importante también al final de la novela. Fermina Daza accede a unas vacaciones en el buque de la Compañía Fluvial. El río consigue alejarla de la realidad y acercarla al amor que Florentino Ariza lleva esperando tanto tiempo. Y dejándose llevar por la marea, ambos se encuentran, con la sensación de llevar toda una vida navegando juntos.
Uno de mis lugares favoritos que aparecen en la novela coincide con el de Florentino Ariza: el faro. Alejado del jaleo de la ciudad, de los estereotipos, del trabajo, de las normas de vivir. El mar aleja sus pensamientos, los revuelve con el viento y las mareas, los mete por caracolas que suenan a hueco cuando pasan, y entonces se los devuelve, limpios y renovados. Te devuelve el amor y te convierte en un poeta.
Y, la verdad, hay pocos sitios como ese que te hagan sentir abstracto.
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| Minot Lighthouse |



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