"El amor en los tiempos del cólera" (IV)

¿Necesitamos cambiar de aires para poder cambiar?
Esa es la pregunta que me he hecho pensando en todos los viajes que tienen lugar en "El amor en los tiempos del cólera". Por cada problema que hay, Gabriel García Márquez suele arreglarlo con un viaje. Será porque es una manera fácil de alejarse de la realidad, de engañarte pensando que cuando vuelvas, ya estará todo arreglado y olvidado.


Es, por ejemplo, el caso de Fermina Daza. Cuando su padre se entera de la relación que mantiene su hija con Florentino Ariza, no encuentra otra solución para el olvido de ese amor que marcharse a un largo viaje. "Ojos que no ven, corazón que no sienten", pensaría Lorenzo Daza. Que para el olvido no hay nada mejor que salir de la rutina y descubrir ambientes nuevos, costumbres, personas que no imaginabas que existían.


Pero, ¿logra Lorenzo Daza hacer que su hija olvide a Florentino Ariza de su mente? Me llevé una desilusión cuando Fermina Daza "no quiere volver a ver" a Florentino Ariza. Porque detrás de ese olvido, hay cartas perfumadas de amor, de un amor intenso, llenas de ilusiones y de mariposas en el estómago. Pero algo así, una historia así, no se puede olvidar tan fácilmente. Porque, sin que ella misma lo supiera, no lo había logrado borrar del corazón.

Y fue en el viaje junto a Florentino Ariza donde se dio cuenta. Porque ambos consiguieron conocerse de toda la vida. Y Fermina Daza olvida, olvida todo, y solo quiere vivir en ese buque y huir, cuanto más lejos, de la realidad.



Las referencias electrónicas que he utilizado son:
Imágenes que aparecen.

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